Homenajearon a Antonia Farias, la cocinera de la scaloneta
Nacida en Fortín Olmos es la cocinera del equipo, la que acompaña a los jugadores en cada viaje. Su dedicación y cariño la llevaron a ser profundamente querida por el plantel.
Panza llena, corazón contento, dicen. Y Antonia lo sabe bien. Su misión va mucho más allá de solo alimentar a los jugadores, se trata de cuidarlos y, de vez en cuando, consentirlos con esos pequeños caprichos, como las milanesas a la napolitana después de cada partido: “Me siento muy honrada. Tengo mucho cariño por los chicos y ellos por mí. Muchas gracias por tenernos en cuenta”, empezó diciendo Antonia visiblemente emocionada mientras recibía su camiseta adidas personalizada y encuadrada.
No es solo una cocinera, es parte del equipo. Como dijo el presidente de la AFA, Claudio Tapia, entre risas: “Ella les da todos los gustos, se ocupa de que coman como deportistas de elite, pero también está ahí para consentirlos un poco. Cada tanto, les prepara un alfajorcito de maicena, de la pastafrola o unas milanesas, sobre todo en esos días especiales de partido que está permitido”.
Antonia es una de las representantes femeninas que acompañó a la Selección en cada viaje, desde la Copa América de Brasil hasta la Finalissima, desde el Mundial en Qatar hasta la última Copa América en Estados Unidos. Cada torneo, cada triunfo y cada derrota, ella estuvo ahí. “El mejor recuerdo que tengo es el campeonato mundial. Eso para mí fue muy lindo. Con todos tengo una buena relación y me siento muy querida”, dijo emocionada.
¿Cómo es el menú de la Scaloneta? Farías se lo cuenta a Olé. “Siempre es una dieta más equilibrada, proteínas, muchos vegetales, Pero sí, después de los partidos siempre sale milanesa a la napolitana, de pollo o de carne con ensalada y papas fritas. Todo hecho con mucho amor.
¿Quién es Antonia?
Nacida en Fortín Olmos, una pequeña comuna en el departamento de Vera, provincia de Santa Fe, Antonia Farías dejó su hogar en busca de un futuro mejor. La vida la llevó a establecerse en Ezeiza y, ya fuera por azar o por destino, su camino no podría haber tenido mejor desenlace: el predio de la AFA en Ezeiza. Allí llegó en 2010 para integrarse al equipo, y desde entonces fue testigo de la llegada y partida de distintas generaciones de jugadores y entrenadores.
Hoy, a sus 44 años, Antonia se convirtió en un pilar fundamental para la Selección Argentina. Su dedicación y cariño la llevaron a ser profundamente querida por el plantel. Su conexión quedó reflejada en un emotivo abrazo con Messi tras ganar el Mundial, un gesto cargado de ternura que arrancó una sonrisa enorme del capitán al verla y que muchos creyeron primero se trataba de la madre del capitán. La cercanía de su cumpleaños con el 10 le dio lugar a celebraciones compartidas, demostrando el vínculo especial que formó con los jugadores, quienes no solo la respetan sino que también la consideran parte de la familia.
Nota publicada en Olé