Apropiado por la dictadura recuperó su identidad
Se trata de José Roberto Maulin Pratto de Reconquista quién había sido sustraído de su familia en 1977. Su apropiadora y la obstetra fueron condenadas por la justicia. La historia del caso.
Luego de un largo recorrido y fruto de un trabajo articulado entre la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia y el Registro Civil se lograron destrabar las diferencias que la gestión anterior tenía con lo ordenado en la sentencia judicial de rectificar la partida y recuperar oficialmente la identidad de José Roberto Maulin Pratto y sus hijos.
En la sala de prensa municipal de Reconquista, el Dr. Mariano Gálvez, Director del Registro Civil, junto a la Secretaria de DDHH, Lucila Puyol, y la Directora de Memoria, Valeria Silva, le entregaron las partidas de nacimiento a José y sus hijos.
José Maulin Pratto expresó “estoy feliz, después de un largo camino, hace más de 13 años esperando que se cumpla la orden del tribunal y hoy llegó ese día. Formalmente podré presentarme en sociedad como realmente me llamo, ya nadie se apropiará de mi identidad como lo hicieron en la represión”.
Su historia
En octubre de 1976, en Reconquista una patota integrada por policías, miembros de la III Brigada Área de Reconquista y personal militar realizó un operativo en la casa de una joven pareja. A los golpes, destrozando todo, secuestraron a Rubén Maulín, un trabajador y militante político del PRT, adelante de sus dos hijos pequeños y de su esposa Luisa Pratto, embarazado de cuatro meses. En el mismo operativo se llevaron a la madre de Rubén, Ana Elena Schoesting, y otros familiares. Luisa quedó sola con sus dos hijos y su embarazo. Semanas más tarde, su hermana menor, Griselda, llegó de Buenos Aires para ayudarla pero también fue secuestrada.
Los represores se ensañaron con Luisa: fue torturada en su domicilio, frente a sus hijos, y violada en reiteradas ocasiones. Cuando fue a dar a luz a un sanatorio privado local, el 26 de marzo de 1977, Luisa fue registrada con el nombre de la apropiadora -Cecilia Góngora de Segretín-, evidenciando la premeditación del delito pero, a la vez, dejando la prueba del apellido que llevaría su hijo. El bebé fue entregado así al matrimonio conformado por José Ángel Segretín y Cecilia Góngora, vinculados familiarmente a la Fuera Aérea, y pasó a llamarse José Luis. Sus apropiadores lo inscribieron en el Registro Civil con un acta de nacimiento fraguada, firmada por la doctora Elsa Nasatsky de Martino.
Por entonces, Rubén seguía detenido pero ya como preso político. Fueron años de dolor que vivió Luisa. Después del parto y durante mucho tiempo siguió siendo visitada por la misma patota policial que había secuestrado a su marido y hermanos, que la sometía a torturas y abusos sexuales. La abuela de José Luis, Ana Elena, se ocupó de los niños y acompañó a Luisa en el reclamo por su marido y su hijo robado. Cuando Rubén Maulín recuperó su libertad, en 1982, ambos se presentaron ante la justicia para reclamar por el niño pero no obtuvieron respuesta y les dijeron que no podían hacer nada.
Durante mucho, tiempo Rubén y Luisa desconocieron el paradero de su hijo pero a fines de los ‘80 una vecina de la pareja trajo el dato del lugar donde estaba viviendo. Fue así que decidieron ir a reclamar por él, pero la falta de documentación y las amenazas de los apropiadores impidieron el encuentro. A principios de los ‘90, Gisela, la hermana mayor de José Luis escuchó que en su escuela había un niño con el apellido Segretín y se acercó a hablarle, pero el encuentro no prosperó y Cecilia Góngora amenazó a Gisela para obstaculizar la búsqueda.
José Luis en ese entonces ya sabía que no era hijo de la mujer que lo había criado, pero los relatos iban variando según las circunstancias y conveniencia. Él desde temprana edad tenía dudas de su identidad, por las diferencias físicas y porque tenía una hermana mayor adoptada. En un primer momento le dijeron que era fruto de una relación extramatrimonial de Segretín y luego se fueron sumando otras versiones, siempre inconsistentes.
En 2008, Luisa y su hermana Griselda hicieron otra declaración ante la justicia, contando nuevamente lo que habían padecido durante el terrorismo de Estado. Después de años de impunidad fue la primera vez que la justicia santafesina aceptó investigar su caso. Para ese momento, ya hacía dos años que muchas víctimas del terrorismo de Estado en la región habían comenzado a dar testimonio en la “Causa Base Aérea”. Luisa dio una nota en una radio de la ciudad y su historia llegó a conocimiento de José, quien se sintió motivado a averiguar sobre su identidad.
En enero de 2009, José Luis tomó coraje y llamó a Luisa para contarle que, según las descripciones que ella había dado en la radio, él podría ser su hijo. Se encontraron por primera vez en febrero, y en abril se presentó a la justicia para reclamar por su identidad. Rápidamente José Luis, Rubén Maulín y Luisa Pratto viajaron a Buenos Aires y realizaron el estudio en el Banco Nacional de Datos Genéticos para confirmar su vínculo: era el hijo que durante 32 años habían buscado.
José Luis dice que recuperó a su familia y su familia lo recuperó a él; desde 2009 mantiene una relación estrecha que se fortalece día tras día.
En Septiembre de 2016 el Tribunal Oral Federal (TOF) de Santa Fe condenó a ocho años de prisión a Cecilia Góngora y a seis años a la médica obstetra Elsa Nasatsky, en el juicio por la apropiación y supresión de la identidad en 1977 del entonces recién nacido José Maulín Pratto, el nieto número 120 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo. Además, declaró la falsedad de la partida de nacimiento y de su correspondiente DNI, y ordenó al Registro Civil de Reconquista efectuar las rectificaciones correspondientes y expedir un nuevo DNI que acredite la verdadera identidad de Maulín Pratto.