Cumpleaños poco feliz
El billete de 100 pesos cumplió 31 años y fue durante un cuarto de siglo el de mayor denominación. La pérdida de su valor es el mejor reflejo de la decadencia económica del país.
El billete de $100 fue uno de los más grandes de la Argentina durante mucho tiempo y estuvo de celebración. No precisamente porque haya recuperado su histórico valor, sino porque celebró un nuevo aniversario.
El billete, que al principio fue hogar de Julio Argentino Roca, luego de Eva Duarte de Perón y más recientemente de un Taruca, nació un 1° de enero de 1992, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem, y fue el billete de mayor denominación y valor en ese momento, y así se mantuvo durante casi un cuarto de siglo.
En aquellos años, y durante la ilusoria época del 1 a 1, el billete de $100 llegó a competir de igual a igual con el billete de 100 dólares, hogar de Benjamin Franklin, pero hoy ni siquiera puede competirle al de George Washington, que es de menor denominación dentro de la moneda estadounidense.
Con el transcurso de los años, la volatilidad de la economía argentina y la constante devaluación, el billete de $100 fue perdiendo paulatinamente su valor y estatus, el cual había llegado a lo más alto durante sus primeros años en la década del noventa. Actualmente, vale apenas un tercio de dólar, el billete de $100 quedó relegado a gastos cotidianos o, en ocasiones, ni siquiera eso.
En 1992, con un solo billete de $100, un argentino podía adquirir hasta 31 kilos de asado. En el ya corriente 2023, apenas se pueden costear menos de 100 gramos de carne.
En 1992, un billete de $100 podía costear hasta 92 paquetes de yerba de 1/2 kg, mientras que en 2023, una sola unidad de esta moneda no alcanza para pagar ni siquiera un paquete de 1/4 kg.
Finalmente, y como un último ejemplo de miles, en 1992, con $100 se podían comprar hasta 227 litros de leche, mientras que, en 2023, no alcanza ni para comprar un litro.