El agua baja y quedan las realidades
Las comunidades rurales, la de los parajes, viven en situaciones límites, extremas. Sin caminos, con escasa agua potable y un paupérrimo servicio eléctrico. No están en la agenda de los políticos ni de las autoridades. Gritan para que los escuchen, pero no les prestan atención.
Quienes habitamos la región creemos conocer las realidades por las que atraviesan los lugareños de los distintos parajes, los de los distritos rurales. Aquellos que apenas tienen una economía de susbsistencia y en algunos casos ni siquiera llegan a eso.
Es gente callada, respetuosa, que sufre las consecuencias del olvido que provoca atraso y decadencia.
Inclusive, nosotros, los medios, muchas veces nos olvidamos de ellos y la forma en que viven. Los políticos y los administradores de turno es como que tienen asumido que “están acostumbrados a vivir de esa forma”. Y no hay reclamos ni proyectos que les permitan cambiar su calidad de vida, gestiones que se inician y terminan en el cajón de algún funcionario y en el olvido.
Pasan catástrofes como las vividas los últimos días con las intensas lluvías para que se vuelva a correr el telón de la hipocresía y desnude una realidad que debería doler. Y no alcanza con un bolsón de mercadería o un grupo electrógeno, porque cuando el agua baja y comienza la retirada, vuelven a la realidad que viven hace décadas.
Los mejores testimonios de esto es de las personas que no son habitué de la región, que vienen a trabajar y a colaborar en la desgracia de una inundación y tímidimante en público y angustiosamente en privado, muestran el desazón de ver como se vive en esos lugares.
Un vecino del paraje Santa Lucia, contaba a FM ACTIVA, “estamos sin luz prácticamente desde el 24 de diciembre. Con idas y venidas. Nos dan luz dos horas y nos cortan otras seis”.
Luego indicó que con las lluvia y alguna tormenta “se le cortó la luz el sábado 6 a la noche y así estuvieron hasta el jueves 11″. Cinco días sin luz.
Situaciones similares se vivieron en el 70/800, el paraje 12 y el 17. En El Cerrito, en Chilca y en Charrúa. ” Y así las comunidades venimos sufriendo” dijo.
“Las facturas son abultadas. Llamamos a la epe y dicen que no tienen personal, que el tendido es viejo, que llamemos a los responsables Zonales. Averiguamos con los vecinos que el responsable de la zona Norte es Martín Arisiaga o Ariziaga. Tiene oficina en Reconquista. Logramos dar con su teléfono, pero no responde” cuenta otro vecino.
Son pocos habitanes y se conocen todos entre ellos. Al hablar prefieren el anonimato. Tienen miedo a las represalías ¿de quién? de los políticos y de las autoridades de turno. Increíble.
En la charla con ellos dejan ver su desazón y amargura. “Las comunidades están inundadas, y encima, sin nada de electricidad en el pueblo para guardar los alimentos. Se nos pudrió todo todo todo” se atreve a decir otra vecina.
Ya en el final una señora que pinta canas nos dice “Estamos viviendo una situación tan terrible. No tenemos caminos, con el agua en las puertas de las casas, las alimañas salieron todas juntas, sin agua apta para consumo porque en Santa Lucia se llenaron las camaras de agua de cuneta, así que sale el agua negra de charco y a eso agregele los problemas de la luz, que no es sólo por las lluvias, es de todos los días”.
Casi como un ruego les piden piedad a los funcionarios que por estos días anduvieron recorriendo y asistiendo como consecuencia de las inclemencias climáticas. Agradecen la ayuda y la presencia y saben, porque ya les ha pasado infinidad de veces, que cuando baja el agua se van los funcionarios y otra vez quedarán en el olvido y esos problemas crónicos que viven desde hace décadas seguirán estando presente sin que nadie se acuerde ellos ni les conceda una solución.