Los pibes, la crisis y la pobreza

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El último informe de UNICEF indica que “la pobreza afecta al 57% de los Niños, Niñas y Adolecentes menores de 18 años, de los cuales el 15,7% es indigente”.

Argentina está sufriendo una crisis profunda, un proceso de caída de sus indicadores económicos y sociales, luego de haberse recuperado de la crisis de 2001 y 2002. El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita (medido a pesos constantes de 2004) creció casi 36% de 2004 a 2011, con un año de caída posterior a la crisis financiera mundial de 2008, del que rápidamente se recuperó. Desde 2012, ingresó en una pendiente descendente, más allá de que tuvo repuntes –cada vez menos importantes– en algunos años (2013, 2015 y 2017). Desde 2018, ha caído hasta alcanzar en 2019 un nivel parecido a 2007, y en 2020 (promedio de los tres primeros trimestres) alcanzó un nivel parecido a 20055. La riqueza relativa del país retrocedió 15 años. En términos reales, el PIB se redujo 2,6% en 2018, 2,1% en 2019 y 9,9% en 2020 según INDEC (2021). Tras una caída en 2018-2019 que llevó al nuevo gobierno a declarar la emergencia pública en materia económica financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social a pocos días del inicio de su gestión sobre el cierre de 2019 (Ley 27541), se sumó otra fase recesiva como cristalización de los efectos de la pandemia del COVID-19 y las medidas de aislamiento correspondientes.

La inversión pública que buscaba contrarrestar estos efectos llevó a un déficit primario de 6,6% a 7% del PIB en 2020, y un incremento del déficit fiscal global de 9
puntos porcentuales comparado con 2019 (BCRA, 2020a). El tipo de cambio oficial se depreció 537% entre principios de 2016 ($13,20 por cada dólar estadounidense) y
fin de 2020 ($84,15), de los cuales un 40% corresponde a todo 2020 (de $59,82 al mencionado $84,15) (BCRA, 2020b). La deuda bruta del gobierno general alcanzó 96,7% del PIB en 2020 (FMI, 2020). El tercer trimestre de 2020 tuvo mejores resultados en términos económicos y se alcanzó un arreglo para reestructurar la deuda pública en moneda extranjera.

La devaluación del peso, y su rápido traslado a los precios, fundamentalmente de los alimentos, se expresó en un salto del Índice de Precios al Consumidor (IPC), según el INDEC, del 53,8% interanual en 2019, la tasa de inflación más alta en los últimos 28 años. Esto se tradujo en un agravamiento de la situación social, porque las mejoras de los salarios, de las jubilaciones, de los montos de los subsidios y de otros programas sociales experimentaron ritmos inferiores a los de los incrementos
de precios, afectando severamente a los derechos de los NNyA. A diciembre de 2020, la variación interanual del índice de precios fue de 36,1% (INDEC, 2020c).

El contexto de recesión económica se reflejó también en el incremento de los niveles de desempleo y subempleo. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH)
del INDEC, la desocupación abierta superó los 2 dígitos por primera vez desde 2006 (10,6% en el segundo trimestre de 2019, y 13,1% en el de 2020) y sigue siendo mayor entre los jóvenes. En cuanto al subempleo, se ha incrementado desde el segundo semestre de 2017, y alcanzó al 13,1% de la población económicamente activa en el segundo trimestre de 2019, pero disminuyó a 9,6% en el mismo trimestre 2020 (INDEC, 2020a).

El deterioro económico y social resumido en los datos mencionados ha afectado severamente las condiciones de vida de NNyA. Las cifras de pobreza por ingresos del
primer semestre de 2020 señalan una incidencia del 40,7% de personas pobres y de 10,5% de indigentes (es decir, que tenían ingresos inferiores al costo de la canasta básica de alimentos). Al mismo tiempo, la pobreza afectaba al 57% de los NNyA menores de 18 años, de los cuales el 15,7% era indigente (elaboración propia basada en INDEC, 2020b). Los niveles de pobreza vienen aumentando desde el segundo semestre de 2017 y esta situación se agudiza durante la pandemia, en un contexto donde, en octubre 2020, 41% de los hogares con NNyA afirmó que sus ingresos se redujeron comparado con sus circunstancias pre-COVID (UNICEF, 2020d).

Cabe destacar que las dimensiones que utiliza Unicef para calcular este indicador multidimensional son educación, protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso al agua segura, y hábitat seguro.

Otro dato revelador del informe indica que 4,8 millones de personas que viven en zonas urbanas no acceden al agua potable por red.

En cuanto a la conexión a una red pública cloacal, el déficit es aún mayor. En el ámbito urbano, afecta a 16 millones de personas, 42% de los hogares. el NEA se encuentra en una situación más desfavorable (57% de los hogares no tiene acceso a red).

El documento sugiere que la tenencia de empleo por parte de la persona de referencia del hogar “no es una condición suficiente para que el hogar escape de la pobreza”.

Una niña o niño que reside en una vivienda ubicada en un barrio popular registra una tasa de pobreza un 43% más elevada que el promedio general.

Respecto a la perspectiva de género, Unicef remarcó que en todo el período bajo análisis las personas que conforman hogares con jefas mujeres muestran tasas de pobreza mayores que las de aquellos cuyo jefe es varón. La diferencia entre ambas tasas pasó de 4 puntos en la primera mitad de 2018 a rondar los 5 puntos en el segundo semestre de ese año.

“En el momento de la crisis desatada por la pandemia esa diferencia se amplió y llegó a 8,2 puntos, mostrando un mayor impacto de la pérdida de ingresos entre hogares con jefatura femenina. Se mantiene la mayor vulnerabilidad de los hogares con presencia de niñas, niños y adolescentes entre sus miembros, que se profundiza cuando la jefa es mujer. Estos hogares, que se encontraban ya en peor situación relativa, sufrieron en mayor medida las consecuencias de la crisis”, afirmó.

Por último, el informe de Unicef planteó que la erradicación de la pobreza requeriría un esfuerzo en términos de crecimiento y lucha contra la inflación más fuerte. En ese sentido, afirmó que se estima que para lograr niveles de un dígito de pobreza infantil se necesitaría crecer a una tasa superior al 3% anual en términos reales durante 15 años.

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