Una foto que ya es vieja

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El Indec informó un 39,2 % de pobreza en el país en el último semestre de 2022. Con la recesión más la inflación de 2023, es una cifra desactualizada. Entre el primero y segundo semestre de 2022 más de un millón de personas cayeron en la pobreza.

Más de un millón de nuevos pobres en un semestre: ese es el doloroso saldo de la Argentina ya en fase post pandémica y con altas tasas de crecimiento de su PBI. La cifra impacta no sólo por lo abultado del 39,2% que midió el INDEC-equivalente a 18 millones de personas- sino porque el resultado obtenido va en el sentido exactamente el inverso que el Gobierno había pronosticado hace un año.

Después de haber reducido la pobreza desde su pico de 42% en el segundo semestre de 2020 hasta un 36,5% en el primer semestre de 2022, el Gobierno había anunciado que se había iniciado un sendero de inclusión social en el cual se sacaría de la pobreza a un millón de personas cada año, sobre la base de una economía en rápida recuperación.

La realidad marca lo errado del pronóstico: de la mano de una inflación en ascenso y salarios que pierden poder adquisitivo, la cantidad de pobres volvió a crecer. En un semestre, hay 1,2 millón más de argentinas con necesidades básicas insatisfechas. Hablando en plata, gente cuyos ingresos no alcanzan para comprar la canasta básica que mide el INDEC, que hoy está valorizada en $177.000 para una familia de dos adultos y dos menores-.

Además, cuando se pone la lupa sobre el censo del INDEC, aparecen datos más deprimentes, como por ejemplo que entre la población de menores de 15 años, los pobres son mayoría: el 54,2% de los niños son pobres. Apenas un semestre antes, esa cifra era “sólo” de 32,1%.

Los investigadores privados que siguen de cerca la evolución de la pobreza ya dan por sentado que, cuando se realice la próxima medición, correspondiente al primer semestre de este año, que se dará a conocer en septiembre, la medición se ubicará en torno del 43%

Si ocurriera así, no solamente se estaría hablando de un número de por sí impactante, sino que además sería superior al del momento más grave de la pandemia, cuando la cuarentena obligatoria limitó severamente la posibilidad de ingresos para la franja más pobre de la población.

En 2022 quedó en evidencia que, en niveles altos de inflación, los mecanismos tradicionales de indexación de los salarios y las jubilaciones no resultan suficientes como para evitar la pérdida real de poder adquisitivo. Es así que las jubilaciones, en términos anuales, perdieron un 14% mientras el promedio salarial cayó un 2,5%.

El dato que se debe mirar con más atención para determinar qué ocurrirá con la pobreza es la evolución de los ingresos del sector informal, en contraposición con el costo de la canasta básica. Y los resultados asustan: mientras lo que percibe un trabajador “en negro” corre a una velocidad de 65,4%, la canasta básica lo hace a una velocidad crucero de 115%.

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